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Sábado 21/05/2022
 

Acento andaluz

Gabriel y Matías: dos gigantes

En ocasiones dar las gracias es mucho más que una simple fórmula de cortesía. Ésta es una de ellas: quiero agradecer de corazón a dos gigantes...

  • Entrega del premio.

En ocasiones dar las gracias es mucho más que una simple fórmula de cortesía. Ésta es una de ellas: quiero agradecer de corazón a dos gigantes que por sí solos se merecerían que les dedicara esta humilde columna. A cada uno por razones bien distintas, pero los caprichos del almanaque provocaron que ambos se cruzaran en mi vida la pasada semana al mismo tiempo y no sería justo posponer la admiración que siento por ambos.

Ha fallecido el cura Gabriel Delgado, secretario diocesano de migraciones del Obispado de Cádiz, más conocido como el padre Gabriel, el rojo, el obrero, el de los inmigrantes, el de Tartessos, el de Cardjin, el de tantas y tantas historias con nombres propios de personas desamparadas. El mundo es peor sin él y les aseguro que no es una frase hecha. Cádiz le echará de menos, los que les conocimos y a los que dedicó su vida para que tuvieran un porvenir mejor. Escucharle era convencerte de que todos debíamos apoyar su causa. Tanto fue así que hubo no pocas gestiones para ayudarle porque era ayudar a la comunidad. Le entrevisté muchas veces para la SER y El País, pero recuerdo especialmente dos momentos imborrables: un viaje a Marruecos con él y Fernando Santiago para una acción humanitaria y formativa para chavales tangerinos y cuando le doné los 3.000 euros del Premio Cádiz de Periodismo y quiso acompañarme el día en el que recibí ese reconocimiento.

El segundo agradecimiento es para un grande del periodismo que me demostró una lección que suele cumplirse: cuánto más grande es una figura, más sencilla, cercana y afable es en las distancias cortas. Les hablo de Matías Prats con quien tuve la suerte de compartir casi 24 horas intensísimas antes de recibir el I Premio Nacional de Periodismo Pepe Oneto que ha creado con acierto Publicaciones del Sur. Su generosidad fue tremenda porque disfrutó cada momento y dedicó guiños a todo el que se cruzó con él. Se emocionó cuando le enseñé una foto de hace 27 años que me hice con su padre tras pronunciar un brillante pregón del Trofeo Carranza. No olvidaré nunca el consejo que nos dio a un colega y a mí que estábamos en nuestras primeras prácticas periodísticas: “Si queréis ser buenos periodistas, tenéis que dominar el lenguaje”.

El viernes mientras saboreaba a Matías, un calambrazo de tristeza me atravesó cuando me dieron la noticia de la marcha de Gabriel. Dos gigantes, dos buenas personas. El cura tuvo el don de hacer feliz a la gente, el periodista tiene muchos años por delante para seguir haciéndonos felices.

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