Al corazón no le preocupa la estética

Publicado: 20/06/2023
Autor

José Manuel Revuelta Soba

Catedrático de Cirugía y Profesor Emérito de la Universidad de Cantabria. Ex-Jefe de Cirugía Cardiovacular del Hospital Valdecilla de Santander

Libro del corazón

Descubriendo el interior del corazón humano, órgano maravilloso, fuente de vida e investigación de calidad

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La obesidad se ha convertido en una gran amenaza para la salud, su prevalencia sigue aumentando y constituye uno de los principales factores de riesgo
La obesidad se ha convertido en una gran amenaza para la salud, ya que su prevalencia ha aumentado en todos los continentes. No se trata solo de un problema estético, sino de una enfermedad multifactorial compleja en la que están involucrados diversos factores genéticos, fisiológicos, socioeconómicos, psicosociales, ambientales, dietéticos y estilos de vida. La interacción y heterogeneidad de estos elementos, así como sus vías y mecanismos de acción conducen a determinados efectos adversos para la salud, incrementando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipemia y trastornos del sueño. La obesidad representa el factor de riesgo cardiovascular más prevalente en personas con enfermedad de las arterias coronarias -angina de pecho, infarto de miocardio-, ya que las padecen unos diez años más jóvenes que aquellas con peso normal.

Es preciso distinguir entre la obesidad y el sobrepeso, ya que la mayoría de los datos disponibles sobre la prevalencia del exceso de peso corporal se utilizan para analizar los factores de riesgo, sin separar ambas entidades, pudiéndose llegar a ciertas conclusiones erróneas sobre su incidencia sobre la aparición de algunas enfermedades metabólicas. En este artículo se utilizan los datos oficiales de la OMS – Organización Mundial de la Salud (WHO-Overweight and Obesity). En su último informe, este organismo publica que en la población española adulta (mayores de 18 años) existe un exceso de peso corporal en el 61,6 por ciento (sobrepeso: 37,8 por ciento y obesidad: 23,8 por ciento). El exceso de peso es significativamente más frecuente en los hombres 68,9 por ciento (sobrepeso: 44,3 por ciento y obesidad: 24,6 por ciento) que en las mujeres 54,1 por ciento (sobrepeso: 31,3 por ciento y obesidad: 22,8 por ciento).

Según la revista Nature Review (marzo 2023), la obesidad es el resultado de un desajuste evolutivo entre nuestra fisiología -genéticamente determinada-, la dieta y el estilo de vida modernos. No evolucionamos para hacer frente a las numerosas inadaptaciones asociadas, como el crecimiento masivo de los adipocitos para acomodarse a la ingesta excesiva de grasas y azúcares.

https://www.nature.com/articles/s41569-023-00847-5#citeas

Aunque muchas personas con sobrepeso tienen verdadera dificultad para corregir esta situación, con esfuerzo y constancia suelen conseguir una ligera o moderada disminución del peso corporal que repercute muy favorablemente sobre su salud cardiovascular.

Grasa blanca, grasa parda

Las células grasas -adipocitos- conforman los depósitos de grasa corporal -tejido adiposo -; se trata de células redondeadas (10 a 200 micras) con alto contenido lipídico que representa el 95 por ciento de su masa. La obesidad se debe al exceso en el tamaño y/o la cantidad de adipocitos almacenados. Estos adipocitos actúan como pequeñas computadoras, no se trata solamente de pequeños saquitos de grasa, sino que se mantienen en contacto directo con el cerebro, a través del sistema nervioso autónomo.

El sistema nervioso está involucrado en la regulación de la energía corporal, como la ingesta, gasto energético y su almacenamiento. En el ser humano, como la mayoría de los mamíferos, el tejido adiposo tiene la capacidad de almacenar energía en forma de triglicéridos-ácidos grasos libres y glicerol-. Estos triglicéridos posibilitan la transferencia bidireccional de grasa adiposa y glucosa (azúcar) en la sangre desde el hígado, siendo también un componente importante para la lubrificación de nuestra piel.

Existen dos tipos de tejidos adiposos: grasa blanca y grasa parda. El tejido adiposo blanco proporciona los lípidos necesarios para el funcionamiento de nuestros órganos y tejidos. La masa grasa blanca refleja el equilibrio existente entre la ingesta y el gasto energético, permaneciendo relativamente constante en los adultos, hecho que indica que la entrada y salida de grasas están bien ajustadas. La disfunción del tejido adiposo blanco ocurre fundamentalmente en sus depósitos viscerales como la grasa abdominal que rodea los órganos gastrointestinales o la grasa epicárdica que envuelve la superficie del tejido muscular del corazón.

El tejido adiposo pardo posee un color característico marrón o pardo rojizo debido a su mayor contenido de vasos sanguíneos y la abundante presencia de terminaciones del sistema nervioso simpático y parasimpático. Los adipocitos pardos son más pequeños que los blancos (50 micras de diámetro) y poseen mayor número de órganos energéticos -mitocondrias-. Esta grasa parda se distribuye principalmente en el cuello (tiroides y arterias carótidas), axilas y región de la espalda entre las escápulas. Su función principal es la termogénesis, es decir, la producción de calor en respuesta a las temperaturas frías, siendo esencial en los niños. Debe tenerse en cuenta que gastamos casi la mitad de lo que ingerimos, alrededor de 1.000 calorías/día, para mantener nuestra temperatura corporal a 36,5 grados centígrados.

Índice de masa corporal

Existen multitud de tablas indicando el peso ideal, según el sexo, raza, edad o constitución corporal. Actualmente, en Medicina, se utiliza el denominado índice de masa corporal (IMC) que es la relación existente entre el peso y la estatura de una persona. Según la OMS, el IMC es un recurso muy eficaz para evaluar adecuadamente el estado nutricional de las personas.

Para conocer el IMC, utilice una simple calculadora y divida su peso -expresado en kilogramos- por la altura elevada al cuadrado -expresada en metros-. Para los adultos se considera bajo peso cuando el IMC es menor de 18,5 kg/m2, peso normal entre 20 y 25 kg/m2, sobrepeso entre 25 y 30 kg/m2 y obesidad cuando es mayor de 30 kg/m2. 

La obesidad se subdivide en 3 categorías:

Clase 1: IMC entre 30 y 35 kg/m2

Clase 2: IMC entre 35 y 40 kg/m2

Clase 3: IMC superior a 40 kg/m2(obesidad mórbida)

La obesidad mórbida se asocia a la cardiopatía coronaria, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, insuficiencia respiratoria y dislipidemia, reduciendo, de forma significativa, la expectativa de vida de las personas que la sufren. Estos pacientes suelen tener serias limitaciones físicas para realizar las actividades más elementales por sus problemas osteoarticulares que les causan diverso grado de discapacidad física y, con cierta frecuencia, problemas de exclusión social.

Obesidad y corazón

En las personas con obesidad se duplica el riesgo de padecer una insuficiencia cardiaca, como han demostrado relevantes estudios clínicos recientes.  En estos casos, la insuficiencia cardiaca suele deberse a la miocardiopatía del obeso y no sólo, como se pensaba hasta ahora, a los mecanismos fisiopatológicos de la hipertensión arterial y/o enfermedad de las arterias coronarias. La obesidad provoca una infiltración grasa del músculo cardiaco -miocardio-, y posterior de tejido fibroso-fibrosis miocárdica- con deterioro progresivo del músculo cardiaco, especialmente del ventrículo izquierdo.Esta infiltración grasa patológica del músculo cardiaco favorece la aparición de arritmias -fibrilación auricular-. Un metaanálisis de 16 estudios clínicos recientes evaluando a 123.000 pacientes demostró que las personas con obesidad tienen el doble de riesgo de presentar arritmias cardiacas, incrementando su prevalencia a medida que aumenta el IMC.

La evidencia científica ha demostrado que en la conocida asociación "obesidad y corazón" juegan un papel importante ciertos factores, recientemente descubiertos, como la inflamación persistente de las arterias coronarias, el aumento del tono nervioso simpático, la presencia de altas concentraciones de leptina e insulina en sangre, el incremento de ácidos grasos libres y los depósitos de grasa blanca epicárdica.

Datos clínicos actuales destacan que la obesidad abdominal, fácilmente medible por la circunferencia de la parte alta de la cintura (CC), constituye un marcador de riesgo de enfermedad cardiovascular muy eficaz, junto con el IMC. Los problemas cardiacos relacionados con el peso son más frecuentes en los hombres con CC superior a 100 centímetros y en las mujeres con CC superior a 90 centímetros.

La obesidad abdominal por exceso de grasa acumulada en las vísceras está constituida por tejido adiposo metabólicamente muy activo que causa resistencia a la insulinay diabetestipo 2; además, el incremento importante en la sangre de triglicéridos y colesterol malo (LDL) y disminución del colesterol bueno (HDL). Sus mecanismos complejos involucran a factores inflamatorios (citocinas) y niveles elevados de leptina, hormona inductora de la sensación de saciedad. El exceso de leptina en sangre puede incrementar la actividad nerviosa simpática que favorece la aparición de trombosis arterial y/o venosa, taquicardia e hipertensión arterial.

La medida de la circunferencia del abdomen (CC), incluso en personas con peso normal (IMC dentro de los límites normales) puede desenmascarar la existencia de riesgo cardiovascularpor la presencia excesiva grasa blanca abdominal, ya que añade una valiosa información crítica al IMC. Varias organizaciones y paneles de expertos han recomendado que las medidas de la CC se evalúen junto con el IMC en las consultas clínicas, como marcadores eficaces del riesgo cardiovascular.

El tejido adiposo epicárdico es otra forma particular de grasa blanca visceral que se deposita alrededor del corazón rodeando las arterias coronarias, existiendo una evidencia científica de papel como factor independientede riesgo cardiovascular.

El desarrollo de modernas técnicas de imagen como la tomografía computarizada y la resonancia magnética ha supuesto un avance importante en el estudio de la composición corporal y su relación con el riesgo de enfermedades del corazón. Nítidas imágenes transversales del cuerpo humano, a cualquier nivel, permiten cuantificar áreas o volúmenes de depósitos de tejido adiposo e identificar los acúmulos de grasa ectópica, fuera de sus localizaciones normales, como en el hígado, páncreas o corazón.

Esta simple mirada científica al serio problema mundial de la obesidad y su impacto directo sobre el corazón humano pretende poner de manifiesto lo importante que es vigilar nuestro peso. Este indudable riesgo se refiere fundamentalmente a las personas con obesidad. El sobrepeso es únicamente el camino para llegar a ella y “mucho ojo con la barriga”.

“Quién quiere salud segura, prefiera el hambre a la hartura”– Refrán español

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