Del mono que asaltaba fruterías hasta el burro que lideraba una manada de vacas y caballos

Publicado: 24/08/2022
Las anécdotas ocurridas en La Isla por la que se paseó un elefante o una llama comenzó a comerse los arbustos del ya desaparecido monumento a Varela
Un día y no recuerdo a quién, le escuche decir que los recuerdos son los hijos de nuestro pasado. Muchos de mis recuerdos vienen por lo vivido durante mi profesión, la que elegí desde niño y a la que tanto amé y dediqué una vida entera y de la que hace un par de años me apartó la jubilación de mi modesto cargo de agente de la plantilla de nuestra Policía Local isleña, como así lo hacemos todos al final del camino profesional. No hay nada más gratificante que hacer lo que te gusta, y mucho más aún haberlo logrado y culminar así tu sueño, como fue en mi caso, dándole gracias a Dios, por haberlo conseguido.

Gracias a ello pude vivir experiencias increíbles, algunas algo jocosas que deseo compartir, ya que la labor policial muchas, demasiadas veces es variada y complicada en cuanto a que nos hace ver lo desagradable de la vida cotidiana en toda su amplitud y de vivir momentos que no le deseo ni a mi peor enemigo. Pero también viví momentos en intervenciones y actuaciones policiales increíbles y divertidas que presencié en primera persona y así deseo relatarlas y compartirlas.

La mona Natalia, y sus célebres escapadas urbanas. En este caso se trató de una conocida chimpancé de nombre Natalia; inteligentísimo animal, a la que sólo le faltaba saber hablar, y a la que muchos conocimos en su época.



¡De verdad, que es toda una monada……!

Ella vivía en una casa junto al caño y antiguo molino del Saporito con unos amigos mío, cuyos nombres omitiré; pero que muchos conoceréis de seguro.

Según supe por su dueño y por varios compañeros en diversas ocasiones actuaron cuando en alguna que otra ocasión en Natalia se escapó y paseó a su libre albedrío por las calles de nuestra ciudad.

En una de ellas y nos situaremos en la década de finales de los 80 del pasado siglo, tras evadirse de su cautiverio, que más bien era su residencia como cualquier miembro más de su familia. La emprendió desde el Saporito y subió por Dolores o Tomás del Valle calle arriba en busca del mercado central de abastos sito en la trasera del propio ayuntamiento para darse un festín entre los numerosos puestos allí establecidos de frutas y verduras.

Ni que decir que aquel hecho motivó la rápida presencia de nuestra Policía Local, la cual se personó en dicho lugar rápidamente con la premura del caso. De nuevo se localizó a su dueño quien se hizo cargo de ella y de abonar los daños causados.

Una segunda actuación la tuvieron en este caso en una conocida frutería que aún existe entre la Calle de Colón y la Avenida de los Reyes Católicos, hasta cuyo lugar llegó nuevamente Natalia en una nueva escapada desde el Saporito, y similar recorrido, aunque algo más largo hasta llegar al mismo.

En esta ocasión la intervención nuevamente llevada a efecto por la Policía Municipal que así se llamó hasta el año de 1986 cuando pasó a denominarse Policía Local. Pues bien, llegados al lugar los agentes del cuerpo en su vehículo policial (Seat 127 modelo Fura) y tras arduos esfuerzos lograron introducir en el interior del citado vehículo patrulla a Natalia, la cual asida al volante parecía lo condujese, a la espera de la llegada de su dueño que ya había sido avisado del hecho.

Una vez se personó en el lugar, se hizo cargo de Natalia que se abrazó a él como si de su hija se tratase. Y claro le tocó abonar los daños del suculento desayuno de frutas que Natalia disfrutó en aquel puesto. Pero también de sufragar los gastos de limpieza del sillón del conductor del vehículo policial, donde Natalia dejó un desagradable recuerdo en forma de excrementos.

El secuestro del niño Jesús del portal de Belén junto a nuestro ayuntamiento. Esta historia real aconteció un día de navidad de la década de finales de los pasados años 80 o comienzos de los 90 del pasado siglo XX. Tuvo por escenario el atrio de nuestro ayuntamiento, lugar donde antaño se colocaba y veneraba el misterio del portal de Belén y sus figuras en él colocadas. Pues aquella noche y entrada su madrugada, unas manos desaprensivas profanaron aquel lugar y se llevaron consigo la figura del niño Jesús.



Poco después alguien que observó la ausencia del niño, lo comunicó al agente de servicio en el antiguo cuerpo de guardia de la Policía Local, situado en la planta baja del propio ayuntamiento, quien rápidamente informó de lo sucedido.

Enterado el jefe de turno de aquella jornada, ordenó se diese cuenta rápidamente al resto del servicio y a la comisaría local del Cuerpo Nacional de Policía, iniciándose el despliegue policial de ambos cuerpos por toda la ciudad y rastreándola toda ella palmo a palmo, como si fuera una orden del todopoderoso disponiendo su localización.

Tras toda una larga noche de intensa búsqueda y desvelos y llegado ya el amanecer se recibió una llamada telefónica de un ciudadano, que manifestó haber encontrado al niño junto a la puerta de la iglesia de la Pastora. Hasta el lugar se desplazaron los compañeros para recuperar su imagen y volverla a colocar en el portal el cual desde entonces poseyó un cristal que impidió nuevos y similares actos.

En otra ocasión y dentro del citado portal de Belén, me tocó levantar del interior del mismo y hacerlo marchar del lugar a un conocido personaje muy popular de nuestra población quien busco refugio para pasar la noche en el mismo.

Este mismo suceso se repitió en un par de ocasiones y no hace muchos años, teniendo en ambos casos por escenario, el portal de Belén situado junto a la puerta de acceso de la iglesia mayor de San Pedro y de San Pablo en plena Plaza de la Iglesia Mayor.

El elefante que se paseó por el centro de la ciudad.

De esta otra y verdadera historia me informé amplia y detalladamente por los dos propios agentes que intervinieron en aquel curioso suceso (Daniel Gravan y Antonio Conde; el primero ya jubilado y activo el segundo), y de la cual se hizo eco la prensa y se publicó el día 27 de abril del año 2000.

Suceso que comenzó tras recibirse numerosas llamadas telefónicas en la sala del 092 de la Policía Local, alertando de como un individuo paseaba a un enorme elefante por la Avenida de San Juan Bosco, en dirección a la zona del nudo de la venta de Vargas, discurriendo éste por la calzada entre el tráfico rodado y provocando retenciones por tal motivo.

Rápidamente la central dio aviso a todos los servicios de aquella jornada, para interceptar al referido individuo y su animal.

Casualmente por la zona de la Venta de Vargas se encontraba un vehículo patrulla de la Policía Local, cuya dotación la integraban los dos agentes antes citados, los cuales se percataron de un gran atasco producido en la zona, que motivó emprender la marcha con los medios ópticos y acústicos de urgencia, y así adelantar la larga fila de vehículos casi retenidos en plena Calle Real hacia el centro de la ciudad.

Al llegar al lugar donde se aprecia en la imagen a la altura del Nº 163 frente al garaje San José y colegio Miramar, observaron que lo hacía por el acerado marchando entre los numerosos viandantes que encontraba a su paso, como si de un peatón más se tratase, observando dichos agentes una estampa inaudita.

Entonces éstos se percataron de que el motivo que ocasionaba todo aquel colosal atasco, no era otro que un individuo de origen italiano que había marchado a pie por el carril derecho de la calzada, el cual paseaba plácidamente y atado a una larga cuerda a un enorme elefante de unos 4.000 kilos como si de un perrito se tratase dándole igual el tráfico y todo el lío que estaba causando, como si no fuese con él la cosa.

Tras apearse los agentes y encargarse uno de ellos de descongestionar el tráfico rodado en la zona, el otro se dirigió al mencionado individuo, el cual manifestó estar sorprendido de que le llamasen al orden, ya que lo que hacía no era otra cosa que lo que comúnmente efectúa en todas las poblaciones que su circo visita y no es otra cosa que pasear por sus calles a dicho animal, como reclamo publicitario; encima vaya jeta.



Los agentes tras ordenarle depusieran su aptitud, escoltan al animal junto al aún mayor animal de su guía, Calle Real abajo, hacia la zona de la Magdalena, donde quedó nuevamente en el circo italiano, con su preceptiva denuncia por la comisión de los hechos acontecidos.

Antiguamente era muy común ver transitar por nuestras calles toda clase de animales enjaulados para publicitar circos y atracciones análogas, cosa en la actualidad totalmente prohibidas.

De la anterior y verdadera historia relatada, nació del vulgo la siguiente leyenda, sin base alguna de realidad, como otras tantas que muchos ya conocemos:

Aconteció una mañana, cuando los jardineros municipales subidos en sus escaleras, podaban las enredaderas que rodeaban las palmeras sitas en el interior de la Plaza del Rey junto a la estatua del general Varela. Este hecho pudo haber sido el motivo por el cual aquel orondo elefante de unos 4.000 kilos de peso, que se encontraba plácidamente en la zona descrita y aunque algo alejada, se apercibiese del sabor de aquellas plantas. Y que produjo que aquel enorme paquidermo extrajese con su trompa el gran clavo sujeto al extremo de una cuerda y del otro a una argolla que el animal colocado en el final de su trompa, le tenían sujeto e impedía su libertad.

Pues bien, al lograr sacar aquel enorme clavo del interior de la tierra, emprendió veloz carrera acompañada del natural grito que suelen lanzar estos animales, entre resoplidos y sus orejas como dos grandes alas repletas de polvo, arrastrando la cuerda y el clavo entre sus patas, y dirigirse enloquecido hacia la zona del Saporito. Tas atravesar la Calle de San Marcos y subir por la de Dolores entre el tráfico rodado, generó el consabido caos entre sus conductores aterrados ante su presencia.

De este modo alcanzó a llegar a la Calle Real y tras crear un peligroso momento entre la densa circulación peatonal y de vehículos se abalanzó sobre su apetecido botín obligando a los jardineros a lanzarse de sus escaleras a los jardines junto a Varela, ante la acometida de aquel animal.

Luego de tan suculento desayuno, tuvo tiempo de pasear por la Calle Real, tomándose imágenes de su plácido paseo entre el público que asombrados observaban aquel increíble espectáculo y que se publicó en su momento en la prensa local.

Seguidamente los compañeros lograron localizar al responsable del circo de donde había huido aquel proboscídeo quien encomendó a su domador fuese rápidamente a buscarle. Y así lo hicieron los agentes actuantes, trasladándole urgentemente al mismo al lugar donde se encontraba el elefante. Una vez llegados al mismo, y tras lanzarle a este sus órdenes preceptivas, logró subirse sobre su voluminosa cabeza. Escoltado por un vehículo de nuestra Policía Local, transitaron ante el asombro del público expectante por toda la Calle Real abajo hacia la Venta de Vargas y recinto del ferial, para dejarlo nuevamente en el lugar de donde escapó. Aunque con su barriga llena de ricas y húmedas enredaderas. Repito que esta segunda versión nace de una leyenda popular, que tiene de base la verdadera actuación policial antes relatada.

La novatada. A quienes hicimos el servicio militar obligatorio, de seguro les sonarán el haber recibido o dado alguna que otra, de aquellas denominadas pelonadas, que se les solían aplicar a los novatos en sus destinos. También en nuestra profesión, y en alguna que otra ocasión se les dieron a más de uno una de aquellas. Y como ejemplo citaré la siguiente: corrían a mediados de los pasados años 80, cuando una mañana en plena Plaza de España (hoy del Rey) de forma sorpresiva apareció un pequeño rumiante, que empezó a devorar los jardines que perimetraron la estatua y fuente del general Varela.

Alguien requirió la presencia de una pareja de agentes de nuestra Policía Local que patrullaban a pie por la zona, los cuales se desplazaron hacia el lugar donde fue visto aquel animal. Una vez estos se personaron en el centro de dicha plaza, observaron a una especie de cabrita, según luego me comentó el más veterano y que le dijo así a su pareja de servicio.



El veterano de mi promoción de quien omitiré su nombre, sabiendo la clase de animal que era, le dijo al más novato: -Anda acércate que sólo es una cabrita y tírale de la cuerda que lleva atada en su cuello-.

El joven compañero se acercó más y más a dicho animal, el cual en un momento dado levantó el cuello y le dirigió atenta su mirada al agente, mientras no cesaba de mover sus mejillas cada vez más hinchadas.

-Venga cógela que no hace nada- le decía el veterano, sabiendo este lo que se avecinaba.

Y efectivamente cuando más cerca estuvo de ella y menos se lo esperaba el agente novato… puz, puz, puz… Aquel animal le lanzó un largo esputo de saliva blanca sobre su cara, que le puso el uniforme perdido y lleno de una especie de espuma pringosa y blanca. Ni que decir la carcajada que soltó el veterano. Resulto que aquel curioso animal no era una cabra sino una llama andina, que casualmente se había escapado de otro circo instalado en la zona de la Magdalena.

San Fermines en La Isla. De esta curiosa anécdota fui testigo presencial. Aconteció bien entrado el presente siglo y tuvo por escenario la zona de la población de San Carlos; más concretamente en los dos paseos que se inician en un extremo junto a la estación del FF.CC (Paseo Joly Velasco) y del otro con la escuela de suboficiales de la armada (Paseo Capitán Conforto).

Y sucedió que de madrugada y como a veces solía suceder por los aledaños del cercano barrio de la Casería de Ossio, solían escaparse reses vacunas y algún que otro caballo que correteaban sus calles, creando una alarma vecinal por todo ello. Pero en esta ocasión la manada fue más allá y lo hizo invadiendo los dos paseos antes citados. Las llamadas al 092 fueron reiteradas, lo que motivó la presencia de varias dotaciones que nos desplazamos al lugar, sumándose compañeros del C.N.P y efectivos de la GUMIZ de la Infantería de Marina.



Ni que decir tiene la que se formó en aquel lugar, la de carreras que se pegaron aquellos animales y las que nos pegamos todos los que allí intervenimos. De haberse grabado, hubiese sido un video de los llamados de primera. La sorpresa de todos fue ver siempre a la cabeza de la manada de novillos y caballos, al único burro que los capitaneaba a todos.

Se localizó a su propietario que poseía una huerta en la zona del Reverbero y a quien muchos conocíamos, con motivo de estos mismos casos, los cuales se repitieron numerosas veces en dicha época. Al personarse en el lugar, se dirigió directamente al burro, al que le ató una cuerda al cuello, llevándoselo junto a él caminando hacia su huerta y al burro lo siguió toda la manaba lentamente. Nos quedamos todos boquiabiertos después de tanto correr y correr. Para aprender la lección, de que en casos similares, siempre se debe de detener al responsable de la manada.

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